2º Seminario 2006
Seminario: La
Constatación del Deseo en el Análisis
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Cuando el
deseo ha tenido lugar
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Topología
del deseo y estructura en Hamlet
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¡Oíd
mortales! Envenenados por la oreja
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La
función del objeto en el análisis
A
cargo de: Héctor Franch
Con la participación de psicoanalistas invitados
Inicio: Sábado, 12 de agosto, 10:30 hs
Continúa: 26 de agosto, 9 y 23 de setiembre y 7 y 21 de octubre
Lugar: Altos de Ross - Córdoba 1345 2º piso - Rosario
Entrada libre y gratuita - Se entregarán Certificados
Presentación
Constatar es confirmar, hacer constar. Cuando algo ha tenido lugar
levantamos un acta, lo dejamos escrito para hacerlo constar. Constatar
el deseo en el análisis nos indica, entonces, una dirección. Los medios
son la palabra y el lenguaje, la lectura y la escritura. Freud nos
enseñó a leer el inconsciente, nos resta ahora la difícil tarea de
escribir esa lectura. Una escritura apropiada al discurso del
psicoanálisis no necesita ser exclusivamente topológica. ¿Pero no
necesitará ser inclusivamente topológica? Teniendo en cuenta la
especificidad del objeto en el análisis y tratándose del deseo en el
lugar del objeto, es el deseo lo que nos queda por constatar. El deseo
es inconsciente lo que significa descifrarlo y este desciframiento tiene
como condición que se diga.
Es común intentar hacer pasar por verdadero algo falso, se trata
simplemente del hecho de fingir. Los seres hablantes además de fingir
podemos fingir que fingimos. Esto último está reservado sólo a nosotros.
Fingir fingir es hacer pasar por falso algo verdadero. ¿Pero quién
podría querer hacer eso? Y además ¿para qué, con qué fin? Aunque no se
lo capte de inmediato, esto tiene un sentido. Supongamos que tenemos la
necesidad de ocultar algo que no podemos hacer desaparecer. ¿Qué mejor
que hacerlo pasar desapercibido colocándolo a la vista pero entre otros
falsos, sin importancia? Para ocultar un arma de verdad bastaría
colocarla entre otras de juguete, por ejemplo.
En "El chiste y su relación con lo inconsciente" Freud analiza un
ejemplo de chiste que califica de escéptico. Dos judíos se encuentran en
una estación de trenes y uno le pregunta al otro a dónde va. A Cracovia
le responde el primero. A lo que el otro contesta: "¡Mentiroso! Me dices
que vas a Cracovia para que yo crea que vas a Lemberg cuando en realidad
es a Cracovia a donde vas." Se ve inmediatamente que para uno de ellos,
el otro finge fingir e intenta hacer pasar por falso lo que es
verdadero. La anécdota no tiene nada de ilógico a pesar de nuestra
extrañeza y, tal vez, la del personaje. De ella resulta que no tiene
ningún sentido aclarar nunca nada. Imaginemos a uno de estos personajes
intentando explicar la situación. ¡Qué enredo! Es condición de la verdad
que deba plantearse como mentira. Se ve que cuando hago pasar por
verdadero algo falso no se trata de la verdad, en cambio en el otro caso
es de la verdad que se trata. Tratándose de la verdad lo menos que se
puede decir es que estamos en problemas.
El que indudablemente está en problemas es Hamlet conducido por la pluma
de Shakespeare. Este problema es, tal vez, el problema por excelencia de
la modernidad. Como solemos decir, Hamlet 'no sabe lo que quiere' o, lo
que es peor aún, 'no puede querer', por eso tiene muchas dificultades
para actuar. Debe vengar la muerte de su padre y no encuentra cómo
hacerlo. La obra muestra hasta qué punto está desorientado. Hay, sin
embargo, un hecho que lo reorienta. Hamlet le encomienda a un grupo de
comediantes que represente el asesinato de su padre con los detalles que
el espectro le hizo saber. Este teatro dentro del teatro abre una
dimensión que permite ordenar lo que continúa. Ahora bien, no ha
ocurrido otra cosa que tomar un hecho verdadero, el asesinato, para
hacerlo pasar por falso, su representación teatral. Pero, ¿por qué
decimos que es esto lo que constituye un comienzo para lo que será el
reencuentro de Hamlet con su acto? El acto, en la modernidad, se ha
refugiado en el inconsciente y es por el inconsciente que la verdad
necesita de una estructura de ficción.
Ahora bien, Hamlet no es un caso clínico. Se trata de una construcción
que resulta ejemplar para la constatación del deseo, del encuentro con
el deseo. Nos interesa su estructura y su lógica, cómo a partir de una
secuencia, el personaje de Hamlet logra encontrarse con su acto y mata a
Claudio, el tío asesino, vengando, al final, la muerte de su padre.
Hamlet es una buena pista para entender lo que ocurre con el deseo en la
modernidad. Lacan dice que Hamlet nos permite situar nuestra ignorancia,
nuestro no-saber y la obra es en ese sentido una presentificación del
inconsciente.
La tragedia de Hamlet permite aproximarse a lo que es hacer el giro
completo, realizar el ciclo que capta el deseo más allá de la demanda.
Es en este sentido que va más lejos que lo habitual, que Shakespeare
logra ir más lejos que la neurosis. Pero es recién Freud el que da
estatuto de discurso a esta aventura que no es otra que la aventura del
deseo.
Héctor
Franch
Rosario, 22 de julio
de 2006